lunes, 28 de diciembre de 2009

El Chico Karma (Extracto)

"De golpe se despertó. Dio media vuelta en el lugar y miró hacia las fotos colgadas sobre la pared, esos trozos de recuerdos que de alguna manera colgaban de aquel mural emulando algún tipo de sueño nunca concebido. Se limpió una gota que nació en su ojo izquierdo, se notaba ya que su sueño roto no traía más que nostalgias de algún tipo de soledad. Sobre su cabeza colgaba un cuadro algo borroso, y la ventana le daba un aspecto áspero y críptico a la habitación.
Miró a su costado buscando algún indicio de tiempo y espacio, era un horario poco familiar para su insomnio y para todo tipo de mal sueño.

Se inclinó nuevamente sobre su cama, dejándose llevar por las pocas ganas de seguir consciente mientras que por la ventana entraba una lágrima de luz que le humedeció el rostro dejando al descubierto una frágil y pálida expresión. Junto a la ventana yacía una pequeña mesa negra, una lámpara, un anillo y cantidad de monedas que nunca pensó usar. Les dio una escueta mirada y permaneció inmóvil durante horas. Ya no importaba el día o la noche, nunca importaron desde que dejaron de ser distintas para él.

En la oscuridad del cuarto se divisó un nuevo margen de luz por debajo de la puerta, sus ojos parecían cansados, y tan abiertos como dormidos se abalanzaron sobre el pequeño rasguño de luz. Se escucharon algunos pasos y conversaciones sordas y la luz se desvaneció nuevamente y así retornó su mirada hacia el techo, dejando a su imaginación como víctima de sus pensamientos.
De pronto recordó que en algún lugar de su memoria -su vasta y llana memoria- sus promesas permanecían latentes, siendo un síntoma claro de su cruel manía de enfermar las cosas. Y se dirigió hacia al suelo y enterrando la mano por algún lugar debajo del vientre del ya gastado nido, recuperó un recuerdo imborrable al que nunca supo enfrentar después de aquel día gris.

Su equilibrio mental estaba compuesto por varios factores etéreos, constituidos mayormente por recuerdos y aromas de alguna otra vida. El presagio de limitarse al presente solía ser algo que atentaba contra su ideología, su simple y tan elaborada ideología que tantas veces le salvó la vida. Cuando el miedo era tal que le brotaba por los ojos y no había espacio seguro para su frágil corazón, era en esos momentos en que su equilibrio entraba en juego. Remontándome en aquella noche, en el ícono de su soledad, recuperó aquel fragmento de humedad; un trozo de papel mojado, con una inscripción de algo que se parecía mucho a una carta o un vago poema.

Permaneció un largo rato leyendo o quizás simplemente identificando letras en el ebrio papel que enmudecía sus ojos y parecía entablar serias conversaciones con su desolado espíritu. La imagen en su rostro rendía culto a la confusión del momento. Levemente atormentado por algo que se le hacía difícil de aceptar, dejó caer una lágrima que derribó el papel clavándolo al suelo como una estaca y un silencio ensordecedor se apodero de su mirada...

Pasaron unas horas, las suficientes para no tener que contarlas, y el aire dejó de respirarse. Ya amanecía y la luz del sol fundía en oro la austera habitación dibujando estelas de luz en el aire. Se oía un tenue sonido atravesando el pasillo exterior. Sus ojos reclinaban sobre una almohada agitada por inmensas pesadillas, sus brazos colgaban de la cama sin tocar el suelo pendulando sobre el trozo de papel apuñalado por toneladas de la más vil melancolía. La habitación ya estaba muerta, tan muerta como el cadáver de su esperanza. "¿A dónde voy?"- murmuró la tragedia en sus labios.

Volvió a hundir el corazón en el mar de fuego por el cual navegan las más frías de las palabras. Derrumbados los sentidos, abierta una nueva visión, comenzar de nuevo es lo que el destino espera en este baile, ese al que todos llaman amor."


No se me ocurría otra manera de inaugurar el Blog que no sea la de publicar lo primero que me viene a la mente, lo primero que recuerdo haber escrito con un ínfimo gramo de sentido. A falta de barco, contra la mesita de luz estrello un sifón de soda -porque vino no me queda- y brindo por la borrachera de amor y su respectiva resaca sin fin.


Salut!


J. Lombardo

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